¿Soy un SIM? La libertad del ser humano

Si decimos que el humano es 100% libre de comportarse, tomar decisiones o actuar, entramos automáticamente en un debate muy frecuente en la filosofía moderna: ¿Existe la voluntad? ¿Lo que te pasa depende de tu “actitud”? ¿Haces lo que quieres o aprendes a querer lo que haces?

 

La cultura capitalista-empresarial ha favorecido la “creencia” de que somos nuestros logros, a más logros más vales y si no logras algo será porque no te has esforzado lo suficiente.

 

Esto ha calado profundamente en la psicología popular y en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, la ciencia no ha demostrado que “pensando en positivo” alcances más logros, ni que “querer sea poder”.

 

No es que haya un interés maléfico tras los grandes empresarios por hacernos asociar esto (o tal vez sí), pero lo que está claro es que, alrededor de un sistema económico y de organización social se establecen una serie de “creencias” que lo favorecen y justifican.

 

Por ejemplo, un buen trabajador es el que es “productivo”, es decir, uno que no se queja y asume que con “actitud positiva” sus horas siendo explotado pasarán más deprisa. Al final, a todos nos venden la idea de que podemos empezar en un garaje y acabar siendo Bill Gates.

 

 

1. El determinismo filosófico y la conducta humana

 

El libre albedrío o libre elección es la “creencia” de que las personas tenemos el poder de tomar y elegir nuestras propias decisiones. Decimos que el libre albedrío es un problema filosófico porque no es algo que se preste a ser estudiado en un tubo de ensayo. Filosofías del comportamiento como el conductismo asumen el determinismo de la conducta como contrario al libre albedrío. ¿Qué implica el determinismo?

 

Los humanos somos parte, y a la vez parte integral de la naturaleza, por lo tanto, nuestro comportamiento no es estrictamente voluntario ni se da sin motivo/función, es predecible y puede estudiarse científicamente bajo unas leyes y fundamentos.

 

El determinista cree que nuestras conductas (valga la redundancia) están determinadas por causas específicas, y que a su vez producen efectos (la conducta es un evento natural, sometido a leyes de la naturaleza); siempre en términos probabilísticos.

 

No debe confundirse determinismo con fatalismo o predeterminismo (posturas que sí que defienden que no hay probabilidad de cambiar el destino ni nada de lo que sucede).

 

Que nuestra conducta esté controlada por leyes naturales no quiere decir que no podamos modificarla. Más aún cuando sabemos que está siendo influida por las interacciones de nuestro medio personal, el cual incluye nuestra historia de aprendizaje (todo lo que hemos asociado o aprendido hasta el momento presente), las personas y el resto de estímulos o cosas con las que nos relacionamos. Además de considerar el momento histórico, político, económico y cultural del contexto en cuestión.

 

Esto traducido, en mi opinión, son palabras de alivio. Siempre haces lo mejor que podrías haber hecho con lo que tenías. Tu forma de pensar y actuar no podría ser otra debido a tu historia, a tu cultura, a la educación que recibiste y a la situación en la que estás.

 

La conclusión más relevante de todo esto, es que, si yo hubiese vivido exactamente lo mismo que tú y en el mismo orden, actuaría y pensaría igual que tú. Ahora con lo que ya sabemos sobre nuestro comportamiento, y a la vez, que este se pueda leer desde unas leyes que explican su funcionamiento, podemos predecirlo, modificarlo y manipularlo en nuestro beneficio. Antes de esto íbamos simplemente comportándonos sin un mapa que nos guiase, sin saber qué consecuencias tenían nuestras conductas, ni qué función las mantenía.

 

 

2. Implicaciones del determinismo en el sufrimiento y la moral

 

Asumir que el ser humano puede elegir libremente es lo que nos impide soñar con que “no haya sufrimiento”, porque siempre habrá alguien que escogerá “una mala decisión”. El sufrimiento humano es la piedra angular de nuestra sociedad, es un precio que tenemos que pagar por la libertad. El libre albedrío juega un papel muy importante en nuestra cultura.

 

En el sistema penal se discute sobre si el ser humano es libre o no, y la mayoría de códigos penales optan por el libre albedrío, porque pudiendo haber elegido comportarte como dictan las leyes, elegiste ir contra ellas. Es decir, te puedo condenar porque podrías haber elegido comportarte de otra manera distinta y elegiste hacerlo mal.

 

Si aceptamos el determinismo y pensamos que esa conducta no puede cambiar sin más, el tema sería mucho más controvertido. O yendo más allá, ¿por qué no todo el mundo no tiene la misma cantidad de riqueza? Seguro que muchas personas dirían que es porque no todo el mundo se lo merece.

 

También tenemos en cuenta los debates morales que puedan surgir, la filosofía conductista y su aplicación como ciencia del comportamiento no juzga, no es su derecho y tampoco justifica nada, sino que trata de explicar su objeto de estudio, que es la conducta. Podemos simplemente pensar que los que matan y roban lo hacen porque sí y no modificar nuestras políticas, prácticas culturales, ni replantearnos la rehabilitación para una sociedad mejor.

 

Sin embargo, el que agrede, o delinque lo hace con un motivo, y la causa no radica en un rasgo de la personalidad, que te define como criminal, sino que desde el determinismo contemplamos la conducta criminal como algo que tiene una función en el contexto en el que se manifiesta, y que no aparece de la nada.

 

Por ejemplo, si crezco en un entorno en el que robar y agredir es lo común, puede que sean las interacciones a las que deba recurrir para desenvolverme en él, ya que ese comportamiento siempre es “adaptativo” en ese ambiente.

 

 

 

3. Pensamiento y determinismo

 

Por otra parte, es común centrar la causalidad de la conducta en el pensamiento desde el cognoscitivismo. El pensamiento es un antecedente a la conducta para esta filosofía, sin embargo otros afirman que el pensamiento es una conducta, ya que se puede explicar por las mismas leyes que la conducta “manifiesta” u “observable”, y por tanto, ambas se dan a la vez en respuesta a una situación concreta que elicita esas respuestas.

 

Esto no quiere decir que un pensamiento no pueda actuar como estímulo discriminativo, y elicitar una conducta pública manifiesta, aunque esto no funcione siempre así, según el conductismo radical. Por lo que la “mente”, o el pensamiento, también podrían estar sujetos a leyes deterministas de la conducta. Esto es, lo que acontece en tu vida no es producto de una mala forma de pensar.

 

 

4. A modo de conclusión

 

Quisiera terminar comentando el gran reto que supondría para la humanidad asumir que, a pesar de ser legalmente responsables de lo que hacemos, no conocemos qué poder tienen las condiciones en las que vivimos, aprendemos y nos criamos, ni el poder de las consecuencias de nuestros actos.

 

Consecuencias que mantienen, aumentan o disminuyen conductas propias o de otras personas. El gran reto de asumir que uno no sufre por voluntad propia, aunque nos lo parezca, y que hay una historia detrás que lo justifica en muchas ocasiones.

 

En mi opinión, esta forma de ver las cosas es un llamamiento a la empatía, y a la afirmación de que nuestro comportamiento es algo que se puede estudiar, predecir y cambiar para alcanzar unas sociedades en las que podamos vivir dignamente, y sin culpar a las minorías de su posición.

 

 

REFERENCIAS:

 

· Grunbaum, A. (1971). El libre albedrío y las leyes de la conducta humana. Universidad de Pennsylvania.

 

· Grunbaum, A. (1952). La causalidad y la ciencia de la conducta humana. American scientist.

 

· Robinson, J. A. (2003). Lo que el Cognoscitivismo no entiende del Conductismo. Comunidad Los Horcones.

ACERCA DEL AUTOR

Perfil del autor:

Psicólogo por la Universidad de Almería. Experiencia como orientador educativo y formador contra el estigma en salud mental. Actualmente opositando para la formación PIR y divulgando en RRSS.

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