Orientaciones psicológicas en la iniciación deportiva

Si bien el perfil del psicólogo deportivo orientado al rendimiento es el que suele tener más repercusión en los medios, no es el único ámbito de actuación que nos ocupa. Como se recoge en los perfiles del psicólogo en el ámbito deportivo, el deporte de base e iniciación no se entiende tanto como actividad competitiva, sino como actividad lúdica y de desarrollo personal.

El aprendizaje, la “motivación”, la interacción social y el disfrute con la actividad son, entre otras variables, aspectos prioritarios en este periodo, siendo el objetivo fundamental del psicólogo del deporte atender a la formación, aprendizaje y desarrollo de los deportistas, así como sus conocimientos y valores asociados. 

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1. El comienzo del deportista

 

Hecha esta introducción, el objetivo de esta publicación es acercar las posibilidades de actuación de la psicología deportiva, en el período de iniciación al deporte, a través de los factores o variables que intervienen en dicha etapa, buscando los objetivos antes mencionados, y la adherencia funcional a la actividad deportiva.

De entre todas las definiciones, la más operativa para este caso es la que entiende la iniciación deportiva como el “proceso que comprende el aprendizaje inicial de un deporte o varios deportes de forma específica” (Hernández, 1998), encontrándonos con el triángulo de la iniciación deportiva elaborado por Smoll (1986), o bien un pentágono (Dosil, 2004) en el que, además de los jugadores, se encuentran los padres y los entrenadores como los factores contextuales más influyentes sobre el joven jugador, además de los directivos y los árbitros.

 

2. Padres

 

Como es lógico, la figura de los padres en el aprendizaje del niño es clave, y el deporte no iba a ser una excepción. Si bien es cierto que los medios de comunicación juegan un papel fundamental, también parece evidente que a menor edad, existe una mayor influencia familiar para iniciarse en el deporte (Año, 1997).

Otros aspectos, como la práctica deportiva de los padres, la asociación de los miembros de la familia de dicho deporte, así como la clase social subjetiva a la que pertenecen entre otras variables contextuales, pueden influir en la actividad de los niños/as hacia este. De este modo, los grupos de deportistas apoyados por una predisposición de la familia hacia el deporte, y hacia el acceso de bienestar emocional experimentado por el niño tras la exposición a la práctica del deporte, aumentan la probabilidad de compromiso hacia el ejercicio producto del reforzamiento (Campos, 1996).

Ante esto, la evaluación e intervención de un psicólogo deportivo resulta clave para obtener una orientación apropiada de las familias hacia el deporte, y hacia sus hijos. Dicha orientación podría resumirse en ser un apoyo asociado, y un modelo para sus hijos, pero puede desgranarse en los siguientes puntos (Gordillo, 1992):

· Aceptar el papel del entrenador, teniendo claro que él es el máximo responsable de la formación deportiva de su hijo/a, sin cuestionar sus decisiones deportivas orientadas al aprendizaje del deportista.

· Aceptar los éxitos y fracasos como algo “natural”, estando orientados hacia el aprendizaje y la mejora por modelamiento (ensayo y error), teniendo en cuenta que así ayudarán a crear un clima cómodo y confortable, sin otras exigencias que intentar hacerlo cada vez mejor y disfrutar de la actividad.

· Dedicación e intereses adecuados, evitando un interés exagerado y respetando los espacios y momentos del deportista, conociendo que el porcentaje de jóvenes que llegan a ser jugadores profesionales es bajo la gran mayoría de deportes.

· Favorecer la autonomía y compromiso de su hijo, en aspectos como la organización de la ropa deportiva, la elección del deporte, los horarios, las rutinas de estudio compatibles, etc.

· Ser un modelo de “autocontrol”, especialmente en competición, sabiendo que la imitación es probablemente uno de los mecanismos de aprendizaje más potentes y efectivos.

Asimismo, partiendo de Buceta (2004), para facilitar dicha formación es conveniente integrar reuniones con los padres como una parte más de la dinámica del club. A pesar de realizar tantas como sean necesarias (por tema de competiciones u otros aspectos que puedan surgir) una buena forma puede realizar 2-3 reuniones:

· Principio de temporada, en la que se expliquen los aspectos más importantes de la preparación, como la importancia del compromiso con el club, los horarios, la vestimenta o las convocatorias.

· Mitad de temporada, para analizar cómo va la temporada y las posibles quejas que puedan existir respecto a la organización global del trabajo con el deportista.

· Final de temporada, informando de los posibles cambios para la próxima temporada y agradecerles el apoyo durante la presente temporada.

3. Entrenadores

 

Si la importancia de los padres es enorme, no es menor la importancia de los entrenadores. Como tal, son las personas encargadas de enseñar a los jugadores el deporte que más les gusta, y que tan bien les hace experimentar la exposición al mismo. Simplemente por ello, la probabilidad de influencia sobre el comportamiento del jugador es brutal, convirtiéndose en figuras a imitar por los jugadores, acentuando la importancia de una buena formación en valores, amén de los conocimientos del deporte en cuestión.

En este apartado, la evaluación e intervención del psicólogo estará orientada a mejorar su formación, a través de los múltiples conceptos básicos psicológicos que existen, y las técnicas de modificación de conducta decisivas para que la práctica del deporte cumpla sus objetivos formativos y estrategias psicológicas que, incorporadas a su método de trabajo, pueden ser de gran ayuda para su bienestar emocional (Buceta, 2004), principalmente orientando los objetivos hacia la mejora, y no hacia el “rendimiento” o consecución de “logros deportivos”.

En lo que respecta al ámbito de entrenamiento, el psicólogo puede (y debe) ayudar al entrenador en aspectos como la organización básica de las sesiones de entrenamiento, los objetivos del entrenamiento según en qué etapa se encuentre como jugador o la conducta adecuada del entrenador durante las sesiones.

Asimismo, también puede formarle en aspectos tan importantes como la comunicación con sus jugadores, el control de las experiencias estresantes, la asignación de roles asociados o el planteamiento de excepciones, entre otros, pudiendo ser ambos aplicables en el entrenamiento y en la competición.

Si bien cada categoría requerirá unos objetivos distintos, hay un objetivo común a todas ellas, que es el aprendizaje de conductas relevantes y deseables. Ante esto, nos encontramos con una herramienta que los psicólogos conocemos bien, como es el conjunto de procedimientos operantes compuestos por el conjunto de reforzamientos y castigos empleados, priorizando los primeros sobre los segundos.

Adaptado de Labrador (2011), un reforzamiento es un procedimiento operante que aumenta la probabilidad de emisión de una conducta, mientras que el castigo reduce la probabilidad de manifestación de una conducta:

· Reforzamiento positivo: Durante este procedimiento operante, aumenta la probabilidad, por parte del entrenador, de emitir un estímulo discriminativo asociado a bienestar emocional por el jugador, tras la conducta deseada (por ejemplo: una felicitación por un buen gesto técnico).

· Reforzamiento negativo: Durante este procedimiento operante, aumenta la probabilidad, por parte del entrenador, de eliminar al jugador la exposición a un estímulo discriminativo asociado a malestar emocional, tras la emisión de una conducta asociada como displacentera por el entrenador (por ejemplo: no regañamos al jugador por fallar un pase).

· Castigo positivo: Durante este procedimiento operante, aumenta la probabilidad, por parte del entrenador, de emitir una respuesta cuyas consecuencias sean aversivas para el jugador (por ejemplo: reñir al jugador).

· Castigo negativo: Durante este procedimiento operante, aumenta la probabilidad, por parte del entrenador, de emitir una respuesta que elimine la exposición del jugador a estímulos asociados como placenteros (por ejemplo: jugar un partido al final del entrenamiento).

En esta línea, las conductas del entrenador que favorecen el bienestar emocional de los deportistas durante la práctica deportiva serían, según Ruiz et al (1989), la recompensa tanto de las jugadas concretas, como el esfuerzo manifestado; dar ánimos y sobre todo instrucciones técnicas sobre los errores; transmitir las instrucciones técnicas de forma apropiada, y utilizar el castigo y las instrucciones punitivas lo menos posible.

Por último, me gustaría recalcar un estudio realizado sobre el perfil del entrenador excelente en fútbol base (Maestre, M. et al, 2003), según el cual el entrenador de fútbol base debe destacar más por sus características como educador, que por su especialización técnica, pasando de un enfoque parcial a un enfoque global que incluya fundamentos deportivos, desarrollo coordinativo, transmisión de hábitos, valores y actitudes, demostrando que es más importante la formación del jugador que la progresión de su profesión (Pérez, 2002).

4. Jugadores 

 

El apartado dedicado a padres y entrenadores no quiere decir que no se deba trabajar con jugadores, pero he decidido centrarme en los dos anteriores por la gran influencia que tienen sobre los jóvenes jugadores.

En cualquier caso, algunos objetivos específicos de evaluación del jugador serían el desarrollo del jugador en los ámbitos deportivo, personal y académico, el conocimiento aprendido o la adquisición de hábitos saludables (García Naveira, 2012).

 

Algunas acciones para conseguir dichos objetivos serían la evaluación psicológica, la atención personal y, por supuesto, el entrenamiento en habilidades psicológicas, como por ejemplo, el control de la activación, la visualización o el establecimiento de objetivos (Ezquero, 2008).

 

A modo de conclusión, en los “aspectos motivacionales” del niño hacia la práctica deportiva, la intervención adecuada de padres y entrenadores es esencial. Los padres y entrenadores se convierten en los mejores vehículos de orientación, apoyo y formación deportiva. Por otro lado, pueden traducirse en fuentes de estrés y presión para los iniciados deportistas, intentando conseguir lo mejor de ellos en el caso de los padres, o sublimar con ellos ciertas frustraciones en el caso de los entrenadores (Latorre y Herrador, 2003).

LECTURAS RECOMENDADAS:

· García Naveira, A. y Jerez Villanueva, P. (2012). Departamento de psicología del club Atlético de Madrid: filosofía, programación y desempeño profesional en el fútbol base. Cuadernos de Psicología del Deporte, vol.12, nº1, 111-120.

 

· Vives Benedicto, L. y Garcés de los Fayos, E. (2003). Intervención psicológica en un club de fútbol base: propuesta de un sistema de actuación psicológica desde sus diversas áreas. Cuadernos de Psicología del Deporte, vol.3, nº2.

REFERENCIAS:

 

· Año, V (1997). Planificación y organización del entrenamiento juvenil. Madrid: Gymnos.

 

· Buceta, J.M. (2004) Estrategias psicológicas para entrenadores de deportistas jóvenes. Madrid: Dykynson.

 

· Campos, J. (1996). Análisis de los determinantes sociales que aparecen en el proceso de detección de talentos. Madrid: Consejo Superior de Deportes.

 

· Dosil, J. (2004). Psicología de la actividad física y del deporte. Madrid: McGraw Hill.

 

· Ezquerro, M. (2008), Intervención psicológica en el deporte: revisión crítica y nuevas perspectivas. V Congreso de la Asociación Española de Ciencias del Deporte. León.

 

· García Naveira, A. &  Jerez Villanueva, P. (2012). Departamento de psicología del club Atlético de Madrid: filosofía, programación y desempeño profesional en el fútbol base. Cuadernos de Psicología del Deporte, vol.12, nº1, 111-120.

 

· Gordillo (1992). Orientaciones psicológicas en la iniciación deportiva. Revista de Psicología del Deporte,1, 27-36.

 

· Hernández Moreno, J. (1988). Metodología de la observación de la acción de juego en los deportes de equipo: resultados de su aplicación al baloncesto. Actas III Congreso Galego da Educación Física e o deporte. La Coruña: INEF-Galicia.

 

· Labrador, F.J. (2011). Técnicas de modificación de conducta. Ediciones Pirámide.

 

· Latorre, P.A. & Herrador, J.A. (2003). Prescripción del ejercicio físico para la salud en la edad escolar. Paidotribo: Barcelona.

 

· Maestre, M.; Garcés de los Fayos, E.J., Ortín, F.J e Hidalgo, M.D. (2018). El perfil del entrenador excelente en fútbol base. Un estudio mediante grupos focales. Cuadernos de Psicología del Deporte, 18 (3), 112-128.

 

· Pérez, M.C. (2002). Caracterización del entrenador de alto rendimiento deportivo. Cuadernos de Psicología del Deporte, 2 (1), 15-37.

 

· Ruiz, A.; Martínez, F.; Monfort, F.; Martín, M.; Fernández, J.M.; Bou ,A. y Cruz, J. (1989). Observación e intervención psicológica con entrenadores de jóvenes deportistas. Actas V Jornada de L´Asociació Catalana de Psicología de l´Esport, (pp 93-103). Barcelona: ACPE.

 

· Smoll (1986). Coach parents relationship: Enhancing the quality of the athlete´s sport experience. Applied Sport Psichology. California.

ACERCA DEL AUTOR

Perfil del autor:

Graduado en Psicología y Máster en Psicología de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Profesor de Psicología y Liderazgo en la Escuela Gallega de Entrenadores de Fútbol (Futgal). Experto en Liderazgo de Alto Rendimiento Deportivo por FCB Universitas. Entrenador de fútbol Uefa B y Monitor de Fútbol Sala.

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