Algunos mitos sobre el conductismo

Con el título elegido, creemos que no es necesaria una introducción demasiado extensa. Queda todo claro. Todo menos el conductismo, parece ser, una vez más.

 

Durante años, y casi de forma sistemática, se vierte en las facultades, por parte del profesorado, mitos y medias verdades sobre el marco conductual. Un marco que, a nuestro parecer, ha hecho demasiado para la psicología como disciplina para merecer este trato.

 

Pese a todos los esfuerzos que se hacen de forma constante desde diferentes ámbitos (la divulgación o una fracción de  la propia academia), pareciera que no hay forma de hacer ver lo que sí es y lo que no es el conductismo. Nosotros haremos hoy un nuevo intento.

De entre todos los mitos, de entre todas las creencias, parece innegable que las hay que parecen cíclicas y repetitivas, tal como el debate sobre si “la depresión” es una entidad clínica o no, o si “la psicopatía” es genética o no.

El objetivo final de este proyecto no es otro que el mostrar la versión del conductismo, del propio marco, al respecto de la mayoría de las críticas y creencias. No pretendemos hacer un repaso histórico exhaustivo ni sentar ningún tipo de cátedra al respecto del modelo, solo plantear que muchas de las críticas están más que superadas y no son más que, creemos, un intento fallido de parodia (o, en el mejor de los casos, una demostración de ignorancia) de un marco que, insistimos, ha hecho mucho por nuestra disciplina.

Al final de este texto dejamos un enlace directo a un total de 20 mitos que nosotros -Alicia y Edgar- nos encargamos de desmenuzar en formato hilo de Twitter. Ahora solo 4 típicos mitos sobre el conductismo, pero puedes profundizar mucho más…

1. La negación de “lo interno”

 

Más que un mito, podría ser un resumen de varios mitos. Es repetitivo, incluso a veces cansado de oír, el constante “el conductismo niega lo interno”, “rechaza las emociones”, “no considera los pensamientos”…

Para entender la respuesta a este mito, es necesario entender cada cuestión en su contexto histórico. Podemos decir que el conductismo nace de la mano de Watson en 1913 con la publicación del texto que se conocería popularmente, como “El manifiesto conductista”. En ese texto, el autor planteaba la psicología desde la óptica del conductista, una óptica muy marcada por el positivismo.

De hecho, seguramente Watson sea el principal autor del conocido como “Conductismo Metodológico”. Este tipo de conductismo, de todos los que hay, tiene como principal característica el estudiar solo aquello objetivamente observable.

 

En otras palabras, es cierto que para el Conductismo Metodológico los pensamientos o “lo interno” queda fuera del estudio de la Psicología. Hay que entender también que no quedan fuera por su negación, sino por la incapacidad de estudiarlo, según estos autores, de forma objetiva y rigurosa.

Claro que el conductismo, como todos los marcos, evoluciona, avanza y crece. Surgen otros conductistas, como el Radical de Skinner o el Interconductismo de Kantor.

 

Ambos tipos de conductismo hacen un giro a las ideas de Watson, marcando que lo que diferencia una conducta encubierta (como pensar) de otra que no lo es (como cantar), es su accesibilidad. Es decir, para Skinner y Kantor (entre muchos otros), lo importante es entender que tanto “lo interno” (privado) como “lo externo” (público) son eventos de la misma naturaleza, y que la diferencia radica en su accesibilidad.

Por último, pero no menos importante, cuidado con caer en el atractivo error categorial de situar la conducta dentro del organismo. La conducta es una interacción y, por tanto, nadie “posee” conducta, no se localiza ni dentro ni fuera, sencillamente, no se localiza.

 

Por poner unos símiles que ayuden a la comprensión de esto, podríamos decir que el delito no es el delincuente ni la ley, sino la interacción de ambos. Como el puñetazo, que no está ni en la cara ni en el puño sino que es la interacción entre ambos. La conducta es la interacción del organismo con su entorno, pero no está en ninguna parte.

2. Descuida “lo humano”

 

Muchas veces vemos al ser humano como un ser superior. Casi ajeno a las leyes que rigen la naturaleza y casi que creemos que por conocerlas, podemos controlarlas. No es raro ver cómo se defiende, por ejemplo, el Libre Albedrío (“¿Soy un SIM? La libertad del ser humano”).

Otro perfecto ejemplo podría ser el mito de la “Tabula Rasa” bajo el que se dice que el conductismo concibe que todos los humanos nacemos con la misma tabula rasa, negando el innatismo y la influencia genética.

El conductismo no es una ley, no es una ciencia; es una filosofía. Un marco. Un código de leyes. Es el equivalente a la Constitución de un país. Esto significa algo tan simple como que el conductismo plantea unos axiomas que deben ser seguidos por la ciencia subyacente a ese marco: el Análisis de Conducta.

Los axiomas que marca no son diferentes a los de otras ciencias naturales: monismo (sólo existe una sustancia en el universo), materialismo (esa sustancia es material) y determinismo (el universo, y la naturaleza, están regidos por leyes). Se presupone además que esas leyes pueden conocerse (son cognoscibles). El conductismo establece que el objeto de estudio de la psicología es la conducta (no necesariamente humana).

Todo esto da respuesta a lo establecido en el primer párrafo: el conductismo no considera que la conducta sea libre, sino que está sujeta a unas leyes que podemos conocer. Niega, por tanto, el libre albedrío. Un matiz interesante, y necesario, es que una cosa es hablar de determinismo y otra es hablar de predeterminismo. Lo primero implica que existen leyes que rigen la conducta; lo segundo, que no podemos modificar la conducta y que todo está escrito. Se cree en lo primero, no en lo segundo. Precisamente la base de la intervención es conocer esas leyes e influir en ellas.

 

3. El ser humano como una máquina

 

Una crítica también frecuente es aquella que dice que el conductismo reduce el ser humano a una máquina de estímulos y respuestas. Claro que muchas veces esa crítica viene de un marco teórico que concibe la mente humana como un ordenador. Contraargumentar eso sería una falacia tan grande como la que se nos lanza, así que realmente es algo bastante inútil. La defensa de este mito está en el poco sentido que tiene.

Por supuesto que hay estímulos. Y por supuesto que hay respuestas. Criticar eso sería el equivalente a decir que la Mona Lisa no es un cuadro bello porque todo lo que hace es combinar colores.

Suponemos que el lector está familiarizado con el concepto de Análisis Funcional. El Análisis Funcional es una herramienta, quizá la más importante de la psicología, que pretende establecer relaciones funcionales. Nada diferente a otras ciencias (como e=mc2 o PV=nRT).

En un Análisis Funcional se conciben dos elementos principales: el organismo y su entorno. Y aquí entran, ciertamente, elementos potentes a considerar como estímulos y respuestas. Pero lejos de entender únicamente eso, es necesario considerar variables disposicionales, funcionales y mediacionales que influirían en la conducta resultante (y en la respuesta).

 

“Dentro del organismo” encontramos toda una serie de aspectos que tenemos que tener en cuenta. Por ejemplo, si hubiera un daño en la zona frontal del cerebro (relacionada con la impulsividad y la conducta antisocial), tenemos en cuenta esa afectación y ese daño para entender la/s conducta/s que realice la persona.

 

Si, por ejemplo, estuviéramos en un caso de una alteración genética, como la trisomía del cromosoma 21 (Síndrome de Down), también tenemos eso en cuenta para entender la/s conducta/s que realiza la persona. En definitiva, la biología y lo innato se tiene en cuenta.

Resumir, y casi caricaturizar, un Análisis Funcional en base a estímulos y respuestas es una forma muy absurda de criticar y juzgar todo un marco teórico y una disciplina científica. Como decíamos, sería como resumir un cuadro en “una distribución de colores” o un partido de fútbol en “22 personas corriendo tras un balón”.

4. El conductismo no lo explica todo

 

Quizá este es el único que no sea un mito en sí mismo. ¿Respuesta? “¡Ni pretende hacerlo!” Como ya hemos dicho, el conductismo es un marco de referencia; una filosofía. Una forma de entender nuestra disciplina y guiar la investigación. Una manera de entender e interpretar unos resultados y también un estilo de redacción. Implica unos términos y exige respetar unos axiomas.

 

El conductismo no explica ningún problema psicológico y tampoco explica ninguna conducta; nos guía en su forma de comprensión y abordaje. Lo que explica es el Análisis Conductual, la Psicología que se sustenta en el conductismo.

Se suele argumentar que el conductismo no puede hacer nada con los “Trastornos Mentales Graves”, poniendo como ejemplos la “Esquizofrenia” o el “Trastorno Bipolar”. Pero no hace falta irse ahí, se puede argumentar lo mismo con la “Psicopatía”. Cabe decir que el conductismo no tiene ningún interés en explicar etiquetas, pues son eso: etiquetas. Son nombres-resumen de un conjunto de conductas que son las que deben ser explicadas. No tiene sentido hablar de “Psicopatía” cuando la variedad de perfiles psicopáticos es enorme. Tampoco tiene sentido hablar de “Trastorno Bipolar” cuando podemos estar ante personas con unas conductas originadas y mantenidas de formas muy diversas.

Es cierto que la intervención desde el Análisis de Conducta no es perfecta (y seguramente diste de serlo), pero rechazar un paradigma debido a que su ciencia no puede explicarlo absolutamente todo… Hasta donde sabemos, podemos hacer esa misma crítica a cualquier otro modelo, y también a cualquier otra ciencia, además de que jamás podrá explicarse todo, ni entender la realidad 1:1. No hay un solo modelo, un solo paradigma, que logre dar una explicación satisfactoria a todas y cada una de las conductas. Tampoco ha sucedido esto en ningún otro nivel de análisis. Criticar por ello al conductismo… simplemente implica desconocer el funcionamiento de la ciencia, su filosofía y las propias limitaciones del resto de modelos.

Para profundizar en muchos más mitos sobre el conductismo, dejamos por aquí el enlace al hilo de Twitter donde tuvimos el gusto de desarrollar durante semanas, con ayuda de más compañeros, todos ellos:

https://twitter.com/AliciaFranco17/status/1300853273860157441

 

ACERCA DEL AUTOR

Perfil del autor:

Edgar Artacho Mata: Psicólogo por la Universitat de Girona. Máster en Perfilación Criminal y Psicología Forense por el Centro EICYC y la Universidad Isabel I. Actualmente cursando el Máster de Investigación en Psicología Aplicada en la Universidad de Castilla la Mancha. Interesado en la Psicopatía y las Personalidades Antisociales, e iniciándome en Filosofía de la Ciencia.

Alicia Franco Martínez: Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Estudiante del Máster en Metodología de las Ciencias Sociales y de la Salud. Especial interés en la Psicometría. Actualmente en proyectos de intervención social, principalmente relacionados con habilidades sociales y diversidad afectivo-sexual y de género.

3 comentarios en “Algunos mitos sobre el conductismo”

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